Conmemoración Nacional de Personas Fallecidas en la Pandemia

En nuestro país, la historia del COVID-19 comenzó con el primer contagio en San Javier: un médico que había estado de vacaciones en el sudeste asiático y que regresó el 25 de febrero de 2020. El 1 de marzo presentó síntomas respiratorios y su caso se confirmó el martes 3 del mismo mes. A partir de entonces, el número de personas contagiads comenzó a aumentar y desató una pandemia que se cobró la vida de más de 45 mil personas.

Hoy nos detenemos para recordarlos a ellos y a sus familias, pero desde un lugar más amable y tranquilo, desde el lugar del aprendizaje. Porque la pandemia nos dejó grandes lecciones de vida y conocimientos que, sin duda, serán un aporte para todos.

Karen Weitzel, matrona.

«Nosotras como matronas, nos vimos enfrentadas a varios cambios; por ejemplo, pasamos de atender solo a mujeres a ver también hombres. Y no solo eso, nos tocó atender pacientes al final de sus vidas, algo que antes solo hacíamos con pacientes oncológicos. Nos atrevimos y demostramos que podíamos. El aprendizaje fue confiar en nuestras capacidades», afirma Karen Weitzel, matrona de nuestro establecimiento, quien junto con su equipo trabajó arduamente enfrentándose a los miedos de contagio y a un escenario completamente diferente.

Dra. Gabriella Brignardello, Subdirectora de Gestión Clínica.

«La pandemia ha sido la experiencia más fuerte y dolorosa que me ha tocado vivir», señala la Dra. Gabriella Brignardello, Subdirectora de Gestión Clínica, quien durante la «primera ola» estuvo a cargo de la gestión de recursos disponibles para la atención en nuestro establecimiento. Brignardello tuvo que ser rápida y eficiente para distribuir camas y ventiladores, resolviendo una problemática que se dio no solo en nuestro hospital, sino en todos los establecimientos de salud debido a la contingencia.

Tomar en valor a las personas y a las situaciones cotidianas es otro de los aprendizajes. «Ahora disfruto de las pequeñas cosas, como saludar de mano, reconocer los rostros, salir y disfrutar de las libertades que tenemos a diario, como caminar libremente sin mascarilla», dice Marta Carillo, Enfermera Supervisora de Urgencia Adulto. Nuestra enfermera también añade que este episodio de su vida la llevó a contener emocionalmente a muchas personas, algo que para ella fue muy desgastador, pero a pesar de eso, supo salir adelante y entregar lo mejor de ella.

Marta Carillo, Enfermera Supervisora de Urgencia Adulto.

El COVID-19 marcó un antes y un después en el mundo entero, y estas historias son el reflejo de la experiencia y vocación de servicio que tuvieron y que conservan nuestros funcionarios y funcionarias. Como hospital, reiteramos nuestro compromiso con los usuarios. Seguiremos esforzándonos día a día por entregar una atención mejorada en todas sus formas.